Descubre el mensaje central de las siete cartas del Apocalipsis dirigidas a las iglesias de Asia Menor, analizado desde una perspectiva presbiteriana y reformada. Este comentario bíblico explora el trasfondo histórico, la enseñanza espiritual y su relevancia pastoral para las congregaciones contemporáneas, subrayando la importancia de la ortopraxis, la resistencia a la idolatría y la permanencia en el ‘primer amor’ cristiano. Recibe inspiración teológica con aplicaciones prácticas para la Iglesia de hoy.
Tabla de Contenidos
Cartas del Apocalipsis: Efeso
Apocalipsis 2:1-7
«Una iglesia bien organizada, pero que falla en lo esencial»
Éfeso, fundada en 110 A.C. y con 300,000 habitantes, se destacó en Asia Menor y logró imponer el culto imperial en el año 29, a pesar de la resistencia de Roma. La comunidad efesia aspiraba a ser la mejor organizada de la región, buscando ejercer un imperialismo sobre otras ciudades. El Señor les recuerda que solo Él ocupa el lugar central y no permite que ninguna comunidad, por bien organizada que esté, usurpe su posición como único Señor.
Sin embargo, se empieza por reconocer el lado positivo de la iglesia efesina, sobre todo el ejercicio de la «hypomonè», la «resistencia» a toda integración con la idolatría, sobre todo con el culto imperial.
Pero esto no impide que surja un grave reproche en esta Carta del Apocalipsis: «has dejado tu amor primero». El primer amor, que es total, se ha perdido en Efeso. En lugar de mirar a Cristo, esta Iglesia cuida demasiado su línea doctrinal, admira su propio reflejo, y por tanto, se preocupa más de la ortodoxia que de la ortopraxis. Es el peligro de la excesiva institucionalización y burocracia de la Iglesia.
Dentro de las Cartas del Apocalipsis, ésta termina afirmando que: «al que venza le daré de comer del árbol de la vida» que está en el paraíso de Dios. La carta dice esto más o menos: en cuanto a tu amor de los primeros tiempos – que era un «amor primero» o «primordial» – que podrían compararse con las relaciones que unían a Adán con su Creador en el Paraíso, tú no has sabido conservar el privilegio. Arrepiéntete, pues, y volverás a esta comunión que te reserva el fruto del árbol que da la vida eterna».
Cartas del Apocalipsis: Esmirna
Apocalipsis 2:8-11
«Una Iglesia que tiembla ante la persecución de la derecha religiosa»
En el tiempo en que fueron escritas las Cartas del Apocalipsis, Esmirna era una ciudad grande y hermosa, orgullosa de sus riquezas y de su esplendor, que les disputaba a Efeso y a Pérgamo el título de Primera de Asia.
Las casas de Esmirna se extendían desde la orilla del mar hasta el Monte Pago, conocido por su corona de templos y edificios, lo que llevó a que la ciudad fuera apodada corona de Esmirna. La ciudad era famosa por sus concursos atléticos, donde ser coronado era un gran honor. Apolonio de Tiana instaba a los ciudadanos a buscar reconocimiento personal antes que el de la ciudad. Esmirna, leal a los romanos y apodada Esmirna la fiel, erigió un templo a la diosa Roma en 195 A.C. y posteriormente otro al culto imperial en 26 d.C., además de venerar a la diosa Cibeles, frecuentemente representada con una corona en las monedas.
La carta empieza refiriéndose «al primero y al último, que estuvo muerto y revivió». De nuevo tenemos aquí¡ un rechazo al gnosticismo. Cristo es el mismo Jesús histórico que vivió la vida terrena y murió en la cruz.
Cuando el Señor dice a esta comunidad perseguida: «Yo conozco tu tribulación y tu pobreza…» se evoca claramente Exodo 3:7, donde Dios dice: «He visto el sufrimiento de mi pueblo en Egipto; he oído los gritos que sus opresores les hacen proferir.»
En el martirio de Policarpio, obispo de Esmirna, se vuelve a repetir ese fenómeno de la lucha de los judíos contra los cristianos en presencia del tribunal romano. Lo más seguro es que los judíos intentaran dejar claro que ellos no pertenecían a la «secta» cristiana, a pesar del «rostro» judío que indudablemente ofrecía el cristianismo a los ojos de los paganos.
La doble exhortación: «Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de vida», estaba al alcance de los habitantes de Esmirna, la muy leal a Roma, y en la que abundaban las coronas a los vencedores en los juegos a atléticos.
Cartas del Apocalipsis: Pérgamo
Apocalipsis 2:12-17
«Una Iglesia que se cansa de resistir»
Pérgamo, ubicada a 70 km al norte de Esmirna en una colina de 350 metros, fue un importante centro cultural antiguo que contaba con un anfiteatro de 60,000 plazas y numerosos lugares de culto. Entre sus maravillas se encontraba el altar de Zeus Sóter del siglo II a.C., así como templos romanos destacados como el de César Augusto y el de la diosa Roma. También albergaba el famoso Asklepeion, un templo dedicado a Asclepios, donde se ofrecían tratamientos para diversas enfermedades.
Cristo empieza por reconocer la dificultad de la lucha de la Iglesia de Pérgamo, ya que «habita donde está el trono de Satanás». Lo más probable es que aquí se haga referencia a la idolatría, sobretodo en el templo de César Augusto, donde se ejercía el culto imperial.
En la primera parte de la presente carta del Apocalipsis se presenta la firmeza de la Iglesia en el rechazo del culto imperial , al hablarse precisamente de «trono», ya que en el Apocalipsis el trono es el emblema de poder. Aquí lo seria de Satanás bajo la figura del emperador divinizado.
Sin embargo, la iglesia de Pérgamo tenia un fallo: «tienes ahí a los partidarios de la doctrina de Balaán, el que enseñó a Balac a poner tropiezos a los hijos de Israel, para que comieran lo sacrificado a los ídolos y fornicaran». El A.T. contiene una fuente (la Yavista y la Elohista), que nos describe a Balaán como un profeta inspirado, cuya boca sólo podía pronunciar la bendición de Israel y no la maldición que le había ordenado Balac.
Sin embargo, se puede (Núm. 22:24) encontrar la huella de una tradición «sacerdotal» menos favorable. Según Núm 31:16 fue por Balaán que las mujeres madianitas arrastraron a la infidelidad para con Yahvé‚ (Núm 25: 11-3). Balaán pues en nuestro texto, es el que intenta hacer tropezar a los hebreos en el camino de la fidelidad, haciéndolos tomar parte en las comidas sacrificiales y empujándolos a la «fornicación» , todo en perfecta relación con Núm. 25:1-3.
Cuando aquí se habla de «fornicar» o «prostituirse» (pornéuein), no se hace referencia directa al sexo, sino que éste es utilizado como un símbolo de la fidelidad del pueblo de Dios. Otro reproche es que se hablan infiltrado entre los fieles de Pérgamo miembros de la secta de los nicolaítas, de los que se había hablado ya en el versículo 6.
«Al que venza le daré del maná escondido». Aquí hay una referencia a una tradición del judaísmo tardío, según la cual Dios tenía «escondido» o «reservado» el maná para darlo a sus fieles en el momento oportuno. Es muy probable que aquí¡ se haga una alusión al banquete eucarístico, ya que todo el cap. 6 de Juan se entretiene en esta comparación (1 Cor 10:3 ss.)
«Y le daré‚ una priedrecita blanca y sobre la piedrecita habrá escrito un nombre nuevo que nadie conoce sino el que lo recibe», es difícil escoger entre las múltiples interpretaciones que se han dado de la «piedrecita blanca con el nombre nuevo», piedra de absolución por decreto de tribunales: piedra de invitación a los banquetes oficiales: piedra dada al vencedor en una competencia deportiva. Lo más probable es que ya que se habla de «vencedor», se trate de la piedra que se daba a los ganadores de juegos atléticos.
En su piedra blanca habrá un «nombre nuevo». que casi indudablemente es el nombre de Cristo (Ap 3:12). Y así, llevar el nombre de Cristo implica, en el mundo idólatra, una obediencia que excluye cualquier compromiso.
El cristianismo antiguo asoció con el bautismo la imposición del nombre de Cristo sobre le cristianismo: aquí el hombre se convierte en una criatura nueva, señalada con el nombre de Cristo. Esto es algo muy intimo y particular: el nombre nuevo nadie lo conoce, únicamente lo experimenta el que lo recibe.
Cartas del Apocalipsis: Tiatira
Apocalipsis 2:18-29
Una Iglesia con peligro de magia
La más larga de las cartas del Apocalipsis está dirigida a la menos célebre de las siete ciudades. Tiatira era una ciudad fronteriza, un punto estratégico importante, pero fácil de atacar. Desde el punto de vista religioso hay que observar que carecía de templo imperial; por el contrario se veneraba a Artemisa y a Apolo.
También parece que el judaísmo estaba presente allí, ya que Lidia – comerciante en púrpura, habitante de Filipos, la primera convertida de Europa – era procedente de Tiatira (Hechos 16:14).
La Iglesia de Tiatira, hogar de Lidia de Tiatira, al igual que la de Pérgamo, recibe elogios por su devoción y servicio, pero se le critica por tolerar a una figura simbólica llamada Jezabel, quien se presenta como profetisa y lleva a los siervos a la fornicación y la idolatría. Este nombre evoca a la Jezabel del Antiguo Testamento, asociada con la adoración de Baal, y sugiere una peligrosa inclinación hacia la idolatría en la comunidad.
En el siglo III Tiatira se convirtió en uno de los baluartes de la iglesia montanista, y es sabido el papel capital que en ese movimiento desempeñaban las diversas profetisas, como Priscila, Maximila y Amnia.
“Y al que venza y observe mis obras hasta el final, le daré potestad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro….» Nos encontramos aquí con un tema especifico único: «El que cree en mí, las obras que yo hago, también las hará él, y mayores que estas, porque yo me voy al Padre (Juan 14:12).
Como se puede ver por la comparación, no se trata de un poder material, al que expresamente renuncia Jesús, («mi reino no es de este mundo, Juan 18:36), sino de la facultad de vencer a
los enemigos, concretamente a los que instaban a los cristianos a adorar a los ¡dolos y al emperador. El mártir se convierte aquí en vencedor. Este es un tema central en el que Apocalipsis, sobre todo cuando se presenta al cordero inmolado, pero al mismo tiempo erguido y vencedor.
«La estrella matutina»: se trata del mismo Cristo, que es la verdadera luz en contraposición a las pretendidas «luces» de los gnósticos. De nuevo nos tropezamos con un tema típicamente juánico.
Cartas del Apocalipsis: Sardes
Apocalipsis 3:1-6
«Una iglesia cristiana sólo de nombre»
A unos 50 km al sudeste de Tiatira Sardes, se encontraba en el fértil valle del Hermus. Era una de las m s antiguas ciudades del Asia Menor, fundada en el siglo XII A.C. Homero le cantó en su Ilíada.
La iglesia de Sardes, como la de Efeso, tenia mucha fama.Pero el profeta de Patmos no se deja engañar por las apariencias, y la condena directamente: «estás muerta aunque tengas la etiqueta de viva». A través de la carta no se concreta en qué consiste el fallo de la comunidad, pero parece que se trata del pecado de la «burocratización». Todo aparentemente marcha bien, los archivos están bien organizados, pero la realidad deja mucho\que desear. O sea, una iglesia jurídicamente impecable, pero pastoralmente muerta.
La solución está en «el resto de los que no han doblado la rodilla ante Baal» (1 Reyes 19: 18). Estos son «los que no han manchado sus vestiduras» y conservan su «blancura». El vestido en la Biblia es el signo de las situaciones espirituales de la humanidad.
El hecho de estar vestido es positivo, mientras que el estar desnudo es negativo (Ap 3:17). En todo caso, parece que hay aquí una alusión al bautismo, en el que ya en los comienzas, se utilizaba una túnica blanca para simbolizar con ello la nueva situación de quien entraba a formar parte de la comunidad cristiana. Aparte de esto, vemos que en todo el Apocalipsis se maneja frecuentemente el símbolo del vestido para indicar la presencia de Dios. A esto se añade el significado del color blanco y nos encontramos con una alusión directa a la unión con Dios, y por tanto, a la renuncia a los ídolos.
Es curioso observar que a ese «resto» de los que no han manchado sus vestidos blancos, no se les recomienda que se aparten de la comunidad, sino que se queden dentro de ella para servir de fomento de cambio y renovación.
Cartas del Apocalipsis: Filadelfia
Apocalipsis 3:7-13
«Una iglesia que juega la sola carta de la Palabra de Dios»
Filadelfia se encuentra a unos 45 km al sudeste de Sardes. Bajo el reinado de Atalo II, rey de Pérgamo (159-138 a.C., la ciudad se desarrolló a partir de: una colonia de inmigrados macedonios que la llamó «Filadelfia» (amigo del hermano o de la hermana), en honor del rey «que amaba a su hermana» (según otra versión, a causa de su afecto por su hermano Emenio II).
Fue víctima de los violentos terremotos del 17 y del 23 d.C. Tiberio ayudó a reconstruir la ciudad. En honor a Vespasiano se llamó entre los años 70 y 79 Flavid, para después quedar con su antiguo nombre. Los habitantes, agradecidos a Roma, edificaron varios santuarios imperiales: a Tiberio, a Calígula, a Vespasiano, a los que se unieron Númerosos templos, entre los cuales el dedicado a Jano, y «casas de misterios», donde se desarrollaba todo un culto de la pureza. Se veneraba también a Artemisa, a Dionisio, a Zeus, y a otras divinidades.
«Conozco tus obras: mira, he procurado que te quede acierta una puerta que nadie puede cerrar, ya que tienes poca fuerza y has guardado mi palabra y no has renegado de mi nombre», parece que aquí también hay una alusión a Is 45:1 – Dios promete a Ciro, su ungido, abrirle de par en par las puertas. Cristo, que posee el poder supremo en el Reino, promete a la comunidad de Filadelfia emplear a su favor este poder, que nadie la puede rehusar. Y esto es muy importante, porque la modesta comunidad de Filadelfia es como la de Corinto: «tu sólo tienes poca fuerza».
Como siempre, hay una alusión a la topografía de la ciudad. Filadelfia estaba poco fortificada. También Pablo se encontró en Corinto con una comunidad compuesta de personas sin poder político, social y cultural (1 Cor 1:26-29).
Sabemos también que en Filadelfia había una floreciente comunidad judía: así se comprende la repetición de 2:9 – «la sinagoga de Satanás». En este ejemplar de las Cartas del Apocalipsis, a Filadelfia se específica el insistente tema juánico sobre la falsedad de unos judíos que expulsaban de la sinagoga a los que se han hecho cristianos por ser fieles a las Escrituras . Por eso, se trata de «falsos judíos».
Otra vez también aqu se habla de la «hypomonè», y concretamente la relación con los judíos. Estos, en efecto, pactaban con el Imperio, y no se oponían al culto imperial. La recomendación de Juan es que los cristianos adopten una «actitud de resistencia» frente a las pretensiones de las autoridades paganas que exigían de alguna manera el reconocimiento de la divinidad y, por consiguiente, de la voluntad absoluta del emperador y del Estado.
«Al que venza lo haré columna en el santuario de mi Dios, y no saldrá ya fuera jamás y escribiré‚ sobre él el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la que baja del cielo de junto a mi Dios , y mi nombre nuevo». Parece un poco contradictorio el que aquí¡ se hable de la comunidad como «columna del templo», siendo así que expresamente se dice en el Apocalipsis que no hay templo (22:22). Pero aquí¡ se trata no de un templo material, sino del conjunto de los creyentes en Cristo:»Su santuario es el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero».
Cartas del Apocalipsis: Laodicea
Apocalipsiis 3:14-22
Una Iglesia que pretende ser neutral, pero en vano
La última de las siete ciudades, que recibieron una Carta en el Apocalipsis, dista 65 km al sudeste de Filadelfia, situada sobre un pequeño lugar rocoso en medio de un paisaje montañoso en el valle del LICO, no lejos de Colosas, que est a 10 km al este. Hierápolis, queda a 7 km al norte, por la otra parte del valle. Las aguas termales de Hierápolis fluyen por encima de unas rocas frente a LAODICEA, y no se pueden beber porque son tibias.
Laodicea era conocida por su industria textil, sobretodo por sus alfombras de lana negra, pero también por sus bancos que tanto celebraba Cicerón, y por su academia de medicina. Esta escuela formaba oftalmólogos célebres. Galeno cita un remedio para los ojos llamado «piedra frigia». que hay que identificar con el «polvo frigio» conocido por Aristóteles.
A pesar de diversos terremotos, rehusó en el año 60 D.C. la ayuda de Roma. «Yo soy rica, no tengo necesidad de nada», fue su breve respuesta.
«Conozco tus obras: que no eres frío ni caliente. Ojalá fueras fría o caliente! Precisamente por eso, porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy para vomitarte de mi boca: el hecho de que por Laodicea pasara una corriente de agua tibia da pie a la comparación. El agua fría y la caliente pueden tener efectos claros y contundentes, tanto positivos como negativos. Pero el agua tibia sólo produce náuseas.
La tibieza de la iglesia de Laodicea consistía en un estado de pacto o «compromiso histórico: con la idolatría circundante. La gnosis amenazaba seriamente la pureza de la comunidad, pero ésta se creía segura. «Soy rico, y me he enriquecido, y no tengo necesidad de nada». Estamos de nuevo en el tema paulino de la justificación por la fe: pensar que con las propias «obras», sin el recurso al apoyo (la fe) de Dios se puede superar la tentación y obtener la justificación y la salvación..
Por eso vienen las exhortaciones siguientes: «comprar de Dios oro acrisolado», a pesar de las riquezas de las que se vanagloriaban los de Laodicea: «vestiduras blancas para vestirle y para que no quede descubierta la vergüenza de su desnudez:, a pesar de los florecientes telares de que disfrutaba la ciudad. «Y colirio para ungirte los ojos y ver», a pesar de la «piedra frigia» que utilizaban los famosos oftalmólogos del lugar para curar las enfermedades oculares. En esta última imagen reaparece un viejo tema juánico, «Yo he venido a este mundo para una decisión: para los que no ven vean , y los que ven se vuelven ciegos» (Juan 9:39).
Como vemos, la influencia del ambiente sociológico era muy fuerte en las comunidades cristianas. Pero el profetismo nunca debería apagarse en su seno para ayudarles a ir contra corriente. El fallo de la Iglesia de Laodicea era frecuentemente «el centrismo», la estúpida ilusión de creer que una iglesia puede permanecer neutral. Naturalmente esta pretensión la suelen tener las iglesias ricas, autosuficientes y bien instaladas. Y es por eso que ya han hecho su opción decidida por la «derecha», por la «conservación» de los logros obtenidos. Siempre hemos de estar en situación de misión.
Conclusión sobre las Cartas del Apocalipsis
Las enseñanzas de las Cartas del Apocalipsis siguen llamando a la iglesia moderna a la fidelidad, la humildad y la misión en medio de la adversidad.
Las Cartas del Apocalipsis ofrecen una reflexión profunda sobre la naturaleza del compromiso cristiano en un mundo cambiante. En este contexto, se nos recuerda la importancia de no ceder ante la tentación del centrismo, que a menudo perpetúa la complacencia y la inacción. La llamada a la misión es ineludible, instando a las comunidades a mantener una postura activa y comprometida con la verdad del evangelio. Así, el mensaje de estas cartas resuena con claridad, desafiándonos a vivir con integridad y propósito, sin importar las circunstancias externas.




