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¿Qué es el ecofeminismo?
El ecofeminismo es una corriente de pensamiento que surge en Europa en el último tercio del siglo XX, a partir del feminismo radical y socialista, que se caracteriza por la diversidad de subcorrientes en el ámbito sociocultural, político y activista, entre otros.
Como pensamiento y movimiento social se refiere básicamente a la conexión ideológica entre la explotación de la naturaleza y la explotación de las mujeres al interior del sistema jerárquico patriarcal.
Historia del movimiento
En 1974, Francoise d’Eaubonne, socióloga francesa, adopta por primera vez el término “ecofeminismo” para representar el gran potencial de las mujeres al iniciar una revolución ecológica que conlleva nuevas relaciones de género entre hombres y mujeres y entre los seres humanos y la naturaleza.
El ecofeminismo nace como contestación a lo que desde ese movimiento definen como “apropiación masculina de la agricultura y de la reproducción” (es decir, de la fertilidad de la tierra y de la fecundidad de la mujer) que habría derivado más tarde en el desarrollismo occidental de tipo patriarcal y economicista.
Según el ecofeminismo, esta apropiación se habría traducido en dos efectos perniciosos: la sobreexplotación de la Tierra y la mercantilización de la sexualidad femenina.
Menciona que existe una relación entre las mujeres y el medio ambiente que tomará formas distintas según la clase social, la casta, la raza, etc., a la que pertenecen. Dichos factores determinarán la relación que hay entre las mujeres y la organización de producción, distribución y reproducción.
El ecofeminismo reconoce que la destrucción ambiental afecta en especial a las mujeres y al conjunto de las poblaciones pobres de los países del “Tercer Mundo”, pero al analizar sus mecanismos, atribuye una parte de la responsabilidad a los grupos dominantes que monopolizan el poder, la propiedad, el privilegio y el control de los recursos.
Tendencias
De la filosofía ecofeminista actualmente existen varias tendencias, algunas de corte esencialista y otras constructivistas. No se puede hablar de ecofeminismo sino de ecofeminismos en plural.
Ecofeminismos espiritualistas
Identifican mujer y naturaleza, y entienden que hay un vínculo esencial y natural entre ellas.
Se centra en las diferencias biológicas entre hombres y mujeres y establece un vínculo idealista entre la mujer y la naturaleza debido a la posibilidad de las mujeres de dar a luz.
Ecofeminismos constructivistas
Para esta variante la estrecha relación entre mujeres y naturaleza se sustenta en una construcción social.
Considera que el desgaste ambiental es el resultado de la instauración de un modelo de desarrollo economicista que no utiliza los recursos naturales conscientemente y no considera sus impactos negativos sobre el medio ambiente.
La explotación de las mujeres es el resultado de la situación marginal en la que se les mantiene.
Para esta tendencia la conexión entre mujeres y medio ambiente no tiene una base biológica.
No considera que hombres y mujeres deban tener actitudes distintas respecto a la naturaleza ya que ambos han adoptado actitudes en donde no respetan al medio ambiente.
Propone reformas medioambientales en base a una mejor aplicación de la ciencia moderna acompañada de una legislación que asegure el cumplimiento de las condiciones necesarias para un desarrollo ecológicamente sostenible.
Puntos en común
Pueden ser identificados en ambas formas de pensamiento puntos en común en los que convergen espiritualistas y constructivistas:
La aplicación de la perspectiva de género al problema de la crisis ecológica.
La revisión crítica del proceso de desarrollo de la ciencia y tecnología occidentales, interpretado como camino hacia la desacralización de la naturaleza y el deterioro del medio ambiente.
En el orden simbólico patriarcal existen conexiones importantes entre la dominación y explotación de las mujeres y de la naturaleza, aunque dicha relación se interprete de manera distinta de acuerdo con cada enfoque ecofeminista.
La denuncia de la asociación que el patriarcado establece entre las mujeres y la naturaleza. La biología de las mujeres, su cuerpo (característica que las capacita para gestar y crear vida), hace que estén en una posición de mayor proximidad a la naturaleza, lo que permite su identificación con ella. Los hombres, guiados por la razón, en oposición a la intuición femenina, pertenecen al mundo de la cultura. Por su capacidad para controlar y transformar la naturaleza, la cultura se considera superior a la naturaleza. Los binomios mujer-naturaleza y hombre-cultura y la superioridad de la cultura sobre la naturaleza en el patriarcado explican que las mujeres sean consideradas inferiores a los hombres.
La dominación y explotación de las mujeres y la dominación y explotación de la naturaleza tienen un origen común, lo que sitúa a las mujeres en una situación privilegiada para acabar con dicha dominación.
Propone que el movimiento feminista y el movimiento ecologista tengan objetivos comunes (la igualdad de derechos, la abolición de jerarquías, etc.) y trabajen conjuntamente en la construcción de alternativas teóricas y prácticas.
Concepción del ser humano
El ecofeminismo propone un nuevo concepto de lo humano que resulta más abarcador frente a las dicotomías clásicas en el pensamiento occidental: naturaleza/cultura, masculino/femenino, mente/cuerpo, integrando sin rupturas todas sus dimensiones e incardine al ser humano en el mundo natural, al que nunca ha dejado de pertenecer.
Esta perspectiva inaugura una nueva noción de existencia humana arraigada en lo orgánico, absolutamente vinculada a lo vivo.
Se trata de situarse a la altura de la naturaleza, no por encima de ella, y adoptar nuevas actitudes de asociación y cuidado hacia todas las formas de vida.
Diversidad y relaciones
A partir de esta re-contextualización de la existencia y la espacialidad del mundo se plantean nuevos modos de libertad basados en la interdependencia entre ser humano y naturaleza.
El ecofeminismo vuelve a situar en el centro de sus planteamientos la experiencia de la vida como apertura.
Lo humano es interpretado en clave relacional, como apertura a otros y a lo otro, convivencia con lo heterogéneo.
Lo fundamental del existir humano ya no es la identidad sino la alteridad, la diferencia, que ha sido vuelta a significar como un valor positivo.
Se promueve el reconocimiento de la diversidad e irreductibilidad de lo natural.
Ante la dicotomía cuerpo/espíritu esta corriente de pensamiento decide no elegir. Sitúa al cuerpo en el centro de la reflexión y lo ubica como mediador entre lo cultural y el mundo natural, como punto de articulación de la existencia humana encarnada.
Al mismo tiempo, retoma el concepto de espíritu, liberándolo de connotaciones religiosas y aplicándolo a la totalidad del mundo vivo, en la que el ser humano está inserto.
Espiritualidad de lo natural
Esta recuperación de la espiritualidad de lo natural, si bien tiene consecuencias positivas, como la de reconectar la humanidad con el entorno de lo vivo, conlleva también algunos aspectos controvertidos, entre ellos el riesgo de mistificación de la naturaleza o a atribución a ésta de unos valores morales que son una pura proyección de la ética en lo natural.
Plantea una noción de existencia como convivencia que puede servir como fundamento para la articulación de una teoría fuertemente crítica con el individualismo cartesiano.
Relación naturaleza – cultura
Este punto de vista posibilita reconocer la relación sin caer en la indistinguibilidad, y explorar nuevos modos de relacionarse con el medio que no se basen en el instrumentalismo, sino en la cooperación mutua.
Reconoce que la naturaleza es condición para la supervivencia humana.
Asimismo, lo biológico es condición de posibilidad de lo cultural, la cultura se construye a partir de lo vivo y ha de interpretarse a partir de la vida, no como una entidad ajena por complete a la dimensión natural.
La libertad
Resulta pertinente la inserción de la libertad en los límites de lo natural. Frente a la emancipación con respecto a la naturaleza, propia del paradigma ilustrado, el ecofeminismo maneja un concepto relacional de la libertad, basado en la situación de cada individuo en un entorno que ya no será de índole únicamente social o cultural, sino que adquiere una dimensión eco – sistémica.
Los exponentes del ecofeminismo manejan un concepto activo, dinámico, de la libertad, entendida como proceso de relaciones con el entorno y no como entidad abstracta y estática que corresponde a cada sujeto despersonalizado. Es en el contexto de este concepto de libertad donde el valor de la diferencia alcanza su grado máximo.
La libertad se entiende en sentido relacional y se fundamenta en el respeto a lo diferente, a la variedad.
Se rompe, mediante el ecofeminismo, con la visión ética antropocéntrica que solo otorga valor a lo semejante, a los seres vivos más afines a la humanidad, y promueve una ética que parte de lo diferente, de la heterogeneidad del mundo vivo, y que desde ella construye un espacio de habitabilidad y biodiversidad.
Algunos exponentes del ecofeminismo en el mundo
Para profundizar en este tema y conocer aún más proponemos esta relación de personalidades que han tratado el tema en disímiles regiones del planeta:
Vandana Shiva (India)
Aruna Gnanadason (India)
Sr. Mary Luz T. Bantilan (Filipinas)
Chung Hyun Kyung (Corea del Sur)
Wangari Maathai (Kenia)
Sallie McFague (USA)
Rosemary Radford-Ruether (USA)
Alicia H. Puleo (España)
Mary Mellor (Reino Unido)
Anne Primavesi (Reino Unido)
Maria Mies (Alemania)
Catharina J.M. Halkes (Países Bajos)
Algunos hombres han escrito también sobre el tema, como Leonardo Boff (Brasil) y Guillermo Kerber (Uruguay)
Representación en Latinoamérica
Latinoamérica no queda exenta de exponentes del ecofeminismo, como se muestra a continuación:
Agamedilza Sales de Oliveira (Brasil)
Sandra Duarte (Brasil)
Sandra Raquew (Brasil)
Yvone Gebara (Brasil)
Graciela Pujol (Uruguay)
Fanny Geymonat-Pantelis (Bolivia)
Alcira Agreda (Bolivia)
Clara Luz Ajo (Cuba)
Doris Muñoz (Chile)
Gladys Parentelli (Venezuela)
Silvia Regina de Lima (Costa Rica)
Marcia Moya (Ecuador)
Coca Trillini (Argentina)
En el caso de nuestro país sería necesario profundizar, en primer lugar, en los retos y desafíos de una teología feminista para Cuba. Aunque es necesario aclarar que ciertamente, en este sentido han sido notados avances significativos en varios campos a partir de aspectos relevantes que se pueden notar en los estudios sobre género que se han ido desarrollando.
Síntesis sobre el algunas ecofeministas cristianas
Sallie Mc Fague
Usa términos como “madre”, “amante” y “amiga” en su búsqueda para nombrar la experiencia de Dios en esta era de angustia ante la destrucción de nuestro planeta.
Ofrece la metáfora del mundo como el Cuerpo de Dios.
Propone un entendimiento panteístico de Dios-en-es una relación de Dios y el mundo, en la cual el mundo existe en Dios. Dios trasciende al mundo pero nada existe sin Dios.
Para Mc Fague, la unidad entre inmanencia y trascendencia se hace realidad en la encarnación de Jesucristo.
Interpreta que nos movemos de nuestro cuerpo, del cuerpo de cada uno de nosotros al cuerpo del Universo. Al hacer esto, la noción del cuerpo se vuelve más rica, profunda y amplia.
Expone el pensamiento de que rara vez prestamos la debida atención a los arboles y las plantas como cuerpos, pero ellos también son cuerpos, son materia, de lo que están hechos todos los cuerpos.
Sugiere el modelo del cuerpo; para que podamos hacer una teología ecológica.
En su libro “Súper Natural Cristiano”, Sallie Mc Fague se basa en el “modelo de sujetos en relación”, es lo que llamamos el “modelo sujetos-sujetos”.
- El modelo sujeto-objeto asume un dualismo jerárquico de uno sobre otro. Es el patrón básico de otros dualismos jerárquicos hombre/mujer; blancos/gente de color; ricos/pobres; oeste/este; norte/sur; humanos/naturaleza.
- El modelo “sujeto-sujeto” es diferente porque es un modelo de relaciones. En este modelo decimos: “Yo soy un sujeto y vivo en un mundo de muchos y diferentes sujetos”.
- El modelo es un sujeto que se relaciona con una multitud de sujetos. No es un “sujeto universal”. Nos relacionamos en un mundo de sujetos, los cuales son diferentes.
- El concepto de sujeto se amplia y ya no es únicamente el sujeto antropológico. Hay una relación mutua de los seres humanos con la naturaleza.
- Vivimos en una relación de influencia mutua entre todos los sujetos de la comunidad.
- El bienestar de todos es la meta final.
- Esta ética comunitaria diaconal implica una ética del cuidado de todos y todas por un planeta sostenible y del pedacito de planeta que es nuestra comunidad
Rosemary Radford Ruether
Se movió hacia el eco feminismo a través de su libro “GAIA y Dios”.
Gaia es el nombre de la diosa griega de la Tierra, y es también la denominación adoptada por un grupo de biólogos planetarios (James Lovelock y Lynn Margulis), para referirse a su tesis de que el planeta entero es un sistema vivo que se comporta como un solo organismo. Estos individuos conciben a Gaia como un ser personificado, una divinidad inmanente.
Hay quienes consideran que el Dios monoteísta masculino de judíos y cristianos es un concepto hostil que racionaliza la enajenación de la Tierra y la indiferencia hacia ella.
Sin embargo, la simple reacción de sustituir una deidad trascendente masculina por una deidad inmanente femenina no basta para resolver el problema de Dios.
Ruether explora el desarrollo de las conexiones entre la dominación de la mujer y el abuso de la Tierra.
La dominación de la mujer ha provisto de una clave, socialmente y simbólicamente, para la dominación de la Tierra; porque en las culturas patriarcales se relaciona a las mujeres con la Tierra, la materia y la naturaleza, mientras se identifica a los hombres con el cielo, el intelecto y el espíritu trascendente.
Su principal enfoque es como analizar la dominación de las mujeres y la dominación de la naturaleza a través de la historia.
Para ser fiel a la tradición cristiana, ella desarrolla dos patrones de pensamiento bíblico: el pacto de la ética y la cosmología sacramental. La ética del pacto nos presenta una visión de la comunidad, enraizada en la Tierra, y viviendo en una relación de la alianza con el Dios que cuida (ética del cuidado).
Esta ética del pacto debe ser complementada con una cosmología sacramental basada en la tradición de la Sabiduría judía y la Cristología cósmica del Nuevo Testamento, donde se aprecia un profundo respeto por el cuerpo como el espacio sacramental del Espíritu Creativo, no solamente en el cuerpo humano, sino en todo el cuerpo del cosmos que nos rodea y sostiene nuestra vida.
Todo el cosmos es el cuerpo de Dios.
Para los cristianos, es el cuerpo de Cristo que vence nuestra alienación y separación de la presencia sacramental de Dios en la Creación.
Somos llamados a la comunión con Dios, no alejándonos de la realidad del cuerpo, sino a través del misterio de los cuerpos, que son la presencia sacramental de lo divino.
Ivone Gebara
La teología eco feminista emergió en la América Latina en los años 1990 como parte de la tercera etapa de la teología feminista. Un exponente principal resalta en Ivone Gebara.
Para Gebara desde el punto de vista filosófico y teológico, el eco feminismo puede ser considerado como una sabiduría que intenta recuperar el ecosistema y las mujeres.
Algunos grupos humanos fueron denominados primitivos y clasificados como más próximos a la naturaleza, y por lo tanto inferiores. Esto justificó diferentes formas de dominación sobre la Tierra y sobre diferentes grupos humanos: negros, indígenas y mujeres eran parte de la naturaleza y por eso se justificaba su sumisión al orden de la cultura.
La aproximación de las mujeres a la naturaleza estaba sin duda ligada a las funciones fisiológicas de reproducción, lactancia y cuidado de los niños. Esto las excluía consecuentemente de una participación más activa en el mundo de la cultura y la política.
Una postura eco feminista es una postura política crítica, que tiene que ver con la lucha antirracista, antisexista y antielitista. Las mujeres, las niñas y los niños, las poblaciones de origen africano e indígena son las primeras víctimas y, por lo tanto, los primeros en ser excluidos de los bienes producidos por la Tierra.
La exclusión de los pobres está unida a la destrucción de sus tierras.
Nuestro cuerpo, mi cuerpo y el cuerpo de mi prójimo han sido afectados no solamente por el desempleo y las dificultades económicas, sino también por los dañinos efectos del sistema de explotación industrial que se impone en nosotros.
La ética de la vida consiste en la creación de una sociedad donde cada persona y las especies tienen el derecho a la vida.
Ecomasculinidades
Las ecomasculinidades intentan caracterizar un entendimiento de la posible conexión que hay entre lo masculino y el comportamiento pro-ambiente.
Buscan romper, junto al ecofeminismo, la concepción binaria de lo femenino y lo masculino, y desligarse del patriarcado.
Nos invitan a incluir en el discurso de las relaciones de poder a la otredad no humana.
Punto de partida: sentar una base para la deconstrucción de los sistemas simbólicos, no a partir de la mujer, sino de la vida misma, pues el poder tal como lo conocemos actualmente, fundado en la violencia, está destruyendo la especie.
Algunos retos que enfrenta el ecofeminismo
- Identificar la violencia que ejercemos, hombres y mujeres, hacia el medio ambiente.
- Denunciar la relación existente entre la destrucción ecológica y los intereses económicos.
- Cambiar la mentalidad del “yo” hacia una mentalidad del “nosotros”, transformando el antropocentrismo en biocentrismo.
- Reflexionar los significados de algunos términos que quizás han perdido o cambiado el sentido debido a su uso. Es necesario evitar el discurso de que las mujeres están más cerca de la naturaleza que los hombres.
- Emprender acciones comunes y concretas a favor del medio ambiente a todos los niveles (programas de educación ambiental).