Tabla de Contenidos
Introducción
El Libro de Job es la obra maestra de la literatura sapiencial de la Biblia. Job, su protagonista, es una de las más emblemáticas figuras de la literatura y la teología. Su historia plantea preguntas fundamentales sobre el sufrimiento, la fe y la justicia divina. Como dice el biblista Luis Alonso Schokel, “esta obra fue escrita con una fe humedecida por las lágrimas y enrojecida por la sangre».
¿Qué es el Libro de Job?
El Libro de Job es uno de los textos más antiguos de la Biblia y pertenece al género de la literatura sapiencial. A través de su narrativa, se aborda la complejidad del sufrimiento humano y la búsqueda de la justicia divina. Job, un hombre justo y temeroso de Dios, se enfrenta a una serie de calamidades que lo llevan a cuestionar la razón del sufrimiento y el papel del mal en el mundo.
Para leer según la Biblia de Jerusalem: El Libro de Job
La Figura de Job: Un Hombre Justo
Job es descrito en el «Libro de Job», como un hombre íntegro y recto que teme a Dios y se aparta del mal. A pesar de sus virtudes, su vida cambia drásticamente cuando Satanás desafía su fidelidad a Dios. A través de la historia del Libro de Job, se simboliza la condición humana frente al sufrimiento. Este contraste entre su vida inicial y sus posteriores desgracias resalta la fragilidad de la existencia humana ante el mal.
Es sorprendente cómo el autor del libro presenta al protagonista: Job viene del país de Us, lo cual significa, de algún lugar del Oriente. Así que no es israelita, es un extranjero, y está bien que sea así ya que este libro presenta una duda universal. ¿Cómo puede un Dios bueno permitir que sufran los inocentes? Así Job se nos presenta como un hombre universal, representante de la humanidad, en su relación con el mundo y con Dios.
Job aprendió mucho durante su sufrimiento, ¿Cómo es posible que un hombre bueno, justo y creyente, pueda perder sus numerosas propiedades, su hermosa familia, el cariño de su esposa y sus fieles amigos, y además vivir la experiencia de un cuerpo atormentado por una enfermedad indeseable? Sin embargo, si leemos el libro cuidadosamente y sin prejuicios acusadores contra Dios, Job, los amigos y la esposa contrariada, el autor del libro nos invita a realizar este viaje con Job para encontrar respuestas a nuestras propias inquietudes sobre el sufrimiento humano.
El contexto del sufrimiento en el Libro de Job
El sufrimiento de Job plantea una serie de preguntas que resuenan en la humanidad. ¿Por qué sufre una persona justa? ¿Dónde está Dios en medio del dolor? A lo largo del relato, Job lucha no solo contra las calamidades externas, como la pérdida de sus bienes y la muerte de sus hijos, sino también contra un profundo sufrimiento interno. Este contexto de sufrimiento es crucial para entender la lucha de Job contra el mal.
El Diálogo con sus Amigos
Uno de los aspectos más destacados de la narrativa del Libro de Job es el diálogo entre Job y sus amigos, quienes intentan consolarlo y justificar su sufrimiento. Sin embargo, sus palabras, lejos de ofrecer alivio, añaden confusión y desesperanza. Cada uno de ellos presenta una visión simplista del mal y la justicia divina, lo que lleva a Job a cuestionar aún más su situación.
Brota desde lo hondo el grito de sufrimiento de Job
Es evidente que el Libro de Job en la Biblia nos presenta a un Job representa a la humanidad doliente que busca audazmente a Dios. Es como el grito del salmista: «Desde el fondo del alma, clamo a ti Señor, atiendan tus oídos mi grito suplicante» (Salmo 130:1). Y el grito de Job resuena como un lamento desconsolado: » desnudo salí del seno materno y desnudo volveré a él. Yavé me lo ha dado y Yavé me lo ha quitado. Bendito sea el nombre de Yavé»( Job 1:21).
Podemos también incluir en este mensaje tu historia o la mía, o la historia de tus amigas y amigos o familiares. Pudieran ser historias muy similares a las de Job. Quizás tú también has emitido en ocasiones gritos de sufrimiento ante tus pérdidas materiales, espirituales o familiares.
Me viene a la mente la estremecedora historia del teólogo cubano, Sergio Arce, a quien debemos mucho de lo mejor de la teología cubana, y que experimentó como Job, un grito de dolor profundo.
Siempre fue pastor y líder comprometido con la comunidad donde ejercía sus pastorados, residía como pastor en una zona rural, la ciudad de Nueva Paz, en la provincia de La Habana, Cuba, en el año 1950. Su esposa Dora Valentín permanecía en cama después de haber nacido su segundo hijo Reinerio. Su primogénito Sergito jugaba frente a la casa y decidió cruzar la calle corriendo para encontrar a sus amiguitos. Un automóvil segó su vida a los cuatro años de edad.
Aún recordamos las palabras de Arce en el funeral de su hijo cuando repitió las palabras de Job: «Dios me lo ha dado y Dios me lo ha quitado. Bendito sea el nombre de Dios». Creo que toda su teología contextual, desafiante, liberadora, surgió de ese sufrimiento intenso donde no maldijo sino bendijo la Gloria y presencia de Dios en su vida.
Sufrimiento y esperanza en el Libro de Job
El teólogo Roland de Pury hace dos comentarios geniales sobre el Libro de Job: El problema de Job en el Libro de Job no es tanto el del sufrimiento, como el del amor”. La fidelidad y la confianza son dos palabras claves en el libro. Además, el autor califica a Job como el creyente rebelde pero pacífico, portador de una fe profunda. Esos comentarios nos recuerdan la lucha de Jacob en medio de la noche hasta alcanzar la bendición de Dios.
El capítulo tres del libro es un lenguaje poético y su contenido nos recuerda a Jeremías (Jr 20:14 y 18), que ejerció, junto con el salmo 73, una gran influencia en el escritor del Libro de Job. Job exclama ¿Por qué al salir del vientre no morí o perecí al salir de las entrañas? (Job 3: 11).
También encontramos, en forma poética, la expresión del dolor de Job. No es una mera lamentación. Este capítulo se inspira en la confesión del profeta Jeremías (20 :14). Hay una transición del paciente Job del prólogo del libro a un Job impaciente y rebelde que no incluye en el diálogo ninguna petición para aliviar el dolor. Es el grito de dolor expresado en la pregunta: ¿Por qué yo?: (Job 3: 11, 12 y 20)
Generalmente en nuestras reflexiones sobre el Libro de Job, nos unimos a la carta de Santiago 5:11 para alegrarnos de la extraordinaria paciencia de Job, pero el capítulo tres del libro nos muestra un espíritu cuestionador, donde aborda el problema de su existencia deseando llegar al otro extremo, a la entrada de la muerte para poder descansar. El libro casi podría empezar y terminar así: » Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volví a él» (1:21)
Es el sufrimiento el que nos pone en contacto radical con nosotros mismos y esa es la reflexión de Job en el capítulo tres del libro. Es el sufrimiento el que puede despertar el más profundo amor, porque para amar hay que permanecer sin falsos encubrimientos. El dolor elimina todo lo negativo y superficial en nosotros.
Este capítulo tres del Libro de Job nos recuerda el gozo en el sufrimiento del apóstol Pablo en la carta a los Romanos capítulo 5, versos 3 y 4: » Nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza» Por debajo de la desesperación de Job, alienta la esperanza porque siempre busca su justicia en Dios.
En este viaje que hemos emprendido juntas y juntos al leer el Libro de Job, tenemos que reconocer que Job representa a la humanidad doliente que busca audazmente a Dios.
Encuentro de Job con el Dios verdadero
Un momento clave en la narrativa del Libro de Job es cuando Dios finalmente responde a Job. Sin embargo, su respuesta no aborda directamente las preguntas de Job sobre el sufrimiento y el mal. En lugar de eso, Dios presenta su majestad y poder, lo que sugiere que la comprensión humana está limitada. Este pasaje del Libro de Job invita a una reflexión profunda sobre la naturaleza de Dios y el misterio del sufrimiento.
Job se ha encontrado con Dios y esa profunda experiencia religiosa supera toda la tradición teológica y los discursos de los sabios, y aún más, supera las ideas limitadas sobre Dios de los amigos de Job. Recordemos que Dios es el tema de discusión de sus amigos. Me encanta la frase del diálogo de Job con Dios cuando el Supremo Hacedor pide a Job que interceda por sus amigos: «Mi siervo Job intercederá por ustedes» (Job: 42:8). Las formulaciones teológicas de los amigos de Job no satisfacen ni a Yavé ni a Job.
El que padece sufrimiento ha descubierto la escandalosa liberación que Dios ofrece a los humildes y a los sencillos de corazón «…hunde de una mirada al arrogante, humilla de una mirada al soberbio» (Job 40:11,12). Dios no tapó la boca de Job cuando terminó su maldición inicial (Job 3: 3) Dios no quiere colaboradores mudos y aceptó la palabra audaz y tenaz de Job.
Por eso ahora, en el Libro de Job, nuestro personaje central puede exclamar: «Sólo de oídas te conocía, pero ahora te han visto mis ojos» (Job 42: 5). Descubrimos a Dios desde nuestra experiencia, que a veces puede ser muy dolorosa.
El Libro de Job también nos habla de recuperación
Al final del relato en el Libro de Job, Job recibe una restauración y vuelve a prosperar. Este cierre puede interpretarse de diferentes maneras, pero es esencial recordar que la restauración no siempre se manifiesta de forma tangible. La verdadera recuperación puede estar en la transformación interna del individuo y su relación con Dios.
Búsqueda del lenguaje de Dios para responder a los sufrimientos de nuestros pueblos.
Como afirma Gustavo Gutiérrez: «el sufrimiento humano, cualesquiera que sean sus causas , sociales, personales u otras, es una gran cuestión para el discurso teológico » y yo añadiría , y también, para la vida y misión de nuestras iglesias. Volvemos y citamos a Job: » no frenaré mi lengua, hablará mi espíritu angustiado, se quejará mi alma entristecida»( Job 7:11) .
Tampoco nosotros podemos callar ante la desaparición y muerte de los 43 jóvenes maestros normalistas desaparecidos en Ayotsinapa , México, la muerte de tantas mujeres jóvenes por todo tipo de violencia y maltratos, la agonía de los pueblos migrantes, buscando pan y hogar, las fosas comunes de los cadáveres de todos aquellos que no han tenido atención médica frente a la pandemia de la covid-19, el terrorismo organizado que destruye ciudades y poblaciones inocentes, el hambre que azota a la niñez desposeída de todo bienestar . Y como dice la teóloga Ivone Gebara : » el mal es todo eso y mucho más».
Recordemos que tenemos que tener la valentía y disposición para condenar todas las manifestaciones del mal en cada uno de nuestros contextos y nuestro » hablar de Dios » debe ser consecuente con su Espíritu de justicia y liberación», porque si no lo hacemos así, escucharemos de nuevo las palabras en el Libro de Job, en boca de su protagonista a sus amigos: «todos ustedes son unos consoladores inoportunos».
La Iglesia en Cuba y el Libro de Job
¿Qué aprendemos del Libro de Job?
- La complejidad del sufrimiento: La historia del Libro de Job nos enseña que el sufrimiento no siempre es un castigo por el pecado. Esta comprensión puede ser liberadora para quienes enfrentan adversidades en sus vidas.
- La importancia del diálogo: El intercambio con sus amigos pone de relieve la necesidad de un espacio seguro para expresar el dolor y la desesperación. La empatía y la compasión son esenciales cuando se trata de ofrecer consuelo a quienes sufren.
- La búsqueda de respuestas: A lo largo de su lucha, el Libro de Job nos demuestra que está bien cuestionar a Dios y buscar respuestas. La fe no siempre implica la aceptación ciega del sufrimiento.
La Iglesia en Cuba ha pasado por una serie de difíciles circunstancias. Yo he tenido la experiencia de vivir las tres primeras décadas de la Revolución cubana años (60, 70 y 80).
En la primera década, durante los años 60 y parte también de los 70, el éxodo de casi 70 % de feligreses y pastores, afectó grandemente la vida y obra de las iglesias, porque nuestros templos casi se vaciaron sin que pudiésemos comprender todo el dilema que estábamos confrontando. Los colegios cristianos y otros centros fueron nacionalizados y tuvimos que releer muchos textos bíblicos, incluyendo el Libro de Job, para tratar de comprender mejor cómo íbamos a organizar la vida eclesial con pocos recursos, sin comprender totalmente lo que sucedía en la vivencia diaria de los rápidos cambios sociales que experimentábamos. En medio de una momentánea desesperanza, fue sorprendente la acción de Dios en medio nuestro.
La renovación de la iglesia comenzó por el fortalecimiento de nuestra fe. Los templos estaban casi vacíos, pero el fuego del Espíritu sopló, ofreciéndonos seguridad y nuevos caminos para el ejercicio de la Misión de la Iglesia. No recibíamos libros del exterior, pero comenzamos a escribir nuestros propios libros y nuestros materiales de formación cristiana para poder incluir el contenido de una teología renovada por la presencia renovadora de Dios que abrió nuevos caminos en nuestro andar. Nuevos cantos, nueva música, liturgias no importadas sino contextuales, latinoamericanas y cubanas usando nuestros instrumentos típicos.
Fue el milagro de una resurrección inspirada en las nuevas posibilidades de «vivir más con menos». Comenzamos a vivir bajo la enseñanza sobre economía y administración del apóstol Pablo en II Corintios, capítulos 8 y 9: «la economía de lo suficiente». Por eso hoy como Iglesia cubana con 130 años de vida, podemos exclamar como Job: «Sólo de oídas te conocía, pero ahora te han visto mis ojos» (Job 42:5).
Conclusión
En este viaje que hemos emprendido juntas y juntos con el doliente Job a través de la lectura del Libro de Job, tenemos que reconocer que su historia representa a la humanidad que busca audazmente a Dios. La lucha de Job contra el mal se convierte en un poderoso recordatorio de la resiliencia humana.
Su historia nos invita a una nueva búsqueda sobre nuestra interpretación sobre el sufrimiento, la justicia divina y la naturaleza de nuestra fe resultando que la experiencia que nos narra el Libro de Job puede resultar una fuente de inspiración y fortaleza ante las adversidades de la vida. En esa búsqueda, Job encuentra un nuevo rostro de Dios donde la experiencia del sufrimiento le abre las puertas para entonar un poema de sabiduría, que es realmente un «canto a la dignidad del ser humano».